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La fotografía de Duarte y sus connotaciones

Se acercaba el patricio Juan Pablo Duarte a la postrimería de su existencia, en Caracas, Venezuela, cuando su inseparable hermana Rosa Duarte, mostró preocupación porque su figura quedara estampada en una fotografía.

Para entonces, Juan Pablo no se había hecho un retrato desde la época de su juventud cuando en Barcelona le tomaron una miniatura.

Ya tenía el Padre de la Patria Dominicana unos sesenta años de edad y Rosa, siempre pendiente de la salud e interesada de un buen retrato del “Decano de los Fundadores de la República Dominicana”, quien reflejaba un proceso de decadencia física y biológica que generaba temor.

En aquel tiempo, 1873, Rosa Duarte se había enterado que en la capital venezolana, como expresión de novedad, el fotógrafo venezolano Prospero Rey instaló una especie de “atelier”, en donde consideró prudente llevar su apreciado pariente a tomarse una instantánea.

De esa manera lo pensó e inmediatamente procedió a comunicárselo a Juan Pablo Duarte, quien como respuesta “hizo una mueca y se negó”.

Ante tal reacción, la autora de los apuntes biográficos del patricio y fundador de La Trinitaria se apresuró, rápidamente, a contestarle:

“- Levanta ese ánimo, Juan Pablo… Ten presente que la nueva generación dominicana te agradece tu obra de libertador y querrá conocer tu fisonomía”.

Juan Pablo Duarte
Persuadido el Fundador de la República Dominicana por su insistente familiar, terminó ciñéndose “…su casaca de cuyo chaleco pendía gruesa leontina de oro atada a su reloj, conforme al uso de la época”, y de inmediato empuñó “…el bastón con que apuntaba su caminar, y acompañado de la hermana dirigió sus pasos un domingo en la mañana hacia “el salón” del fotógrafo”.

Agrega la leal y conciliadora Rosa Duarte que el prócer dominicano “Pronto estuvo ante la gran cámara obscura de fuelle, sostenida por enorme trípode” y que “…el retratista lo miraba y remiraba con agudeza profesional, le indicaba la posición más conveniente, abría, cerraba y entreabría cortinas y esperaba a que brillara el sol para oprimir la pera del obturador”.

De aquella experiencia se recuerda que “Duarte permanecía en pie, inmóvil, en paciente espera, descuidada la corbata y apoyado ligeramente el cuerpo en el bastón que empuñaba con la mano izquierda, en tanto colocaba la derecha en la correspondiente faltriquera del pantalón”.

Quizás como nota trascendental de aquella narración, lo más interesante sería resaltar, tal como se advierte de las palabras de su hermana Rosa, que “…en esos minutos de preparación su mente (la de Duarte, JACT) se fue lejos, muy lejos, tal vez a la Patria y sus desventuras, olvidando la situación en que se encontraba y comunicando inconscientemente a su mirada perdida y triste y a su rostro enjuto una expresión de insuperable dignidad”.

En definitiva, conforme a expresiones del renombrado historiador Pedro Troncoso Sánchez, de esa manera fue captado por la cámara el Padre de la Nacionalidad Dominicana y así ha llegado hasta nosotros en el único retrato fotográfico que se le conoce.

Subraya el reputado y acucioso investigador sobre la vida, los principios y el accionar de Juan Pablo Duarte que la referida y valiosa imagen ha tenido, esencialmente, dos contribuciones relevantes para conocer a fondo los años y altibajos del ocaso del insigne progenitor de la Independencia Nacional que brotó la inolvidable noche del 27 de Febrero de 1844.

Por un lado, la foto en cuestión ha permitido reconstruir con exactitud el Duarte de 1873, con el pelo escaso y liso, todavía bastante obscuro, bigote y barba blanca, muy recortados, en cuyos ojos se observa la inocencia y al mismo tiempo la fortaleza de su carácter.

Asimismo, el valioso documento, apunta Troncoso Sánchez, “nos ha dejado apreciar el estrago causado en su organismo por la enfermedad y el sufrimiento, pintados en la sombra de sus cuencas, el hundimiento de las mejillas y la delgadez de su cuerpo”.

No olvidemos que para aquellos años el desgaste de las neuronas cerebrales de Duarte continuaba avanzando y una tisis de lento desarrollo, típica de su edad, le afectaba los pulmones y lo sometía a un estado de perpetua y extenuante fiebre.

Duarte, gracias por enseñarnos que “Vivir sin Patria, es lo mismo que vivir sin Honor.” y que “nunca es rebelde una nación entera” en un Febrero glorioso…!!

jpm-am

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